EL LADO OSCURO del CINE MEXICANO: ÍDOLOS que terminaron en ESCÁNDALOS

Durante la época dorada del cine mexicano, nos referimos a los años 40 y 50, la mayoría de las estrellas no solo amasaron grandes fortunas, sino también el cariño incondicional de la gente, al punto de ser considerados intocables.
Sin embargo, la fama no siempre ha sido suficiente para esquivar la justicia.
Algunos de los actores más apreciados terminaron tras las rejas, cayendo en cuestión de segundos desde lo alto de la cima de la gloria.
En este video de GB documental vamos a explorar esas historias que los llevaron a la cárcel, hechos que marcaron sus vidas para siempre y algunos jamás han vuelto a ser los mismos.
Rodolfo de Anda Junior, al igual que su padre, fue uno de los actores más amados del cine mexicano.
Se lo conoce por el Pantera de 2007, La tumba de Atlántico de 1992 y Buscando al culpable 1990.
Pero antes de estas producciones, en las décadas del 60 y 70, ya era un destacado artista, llegando a protagonizar más de 100 películas, muchas de ellas junto a su propio padre.
No obstante, Rodolfo tenía un carácter que distaba mucho de ser agradable como el de sus personajes.

En realidad, era conocido como un hombre orgulloso, de temperamento fuerte y que siempre ganaba las discusiones tuviese o no razón.
Muy pocos tenían el valor de enfrentarlo y fue justamente en una discusión donde desató su ira contenida.
El hecho sucedió en el año 1977.
Rodolfo se encontraba conduciendo su coche deportivo por el periférico sur de la Ciudad de México cuando se le cruzó una moto por el frente.
Y de no haber sido porque pisó el freno a tiempo, el choque hubiese sido fatal.
El motociclista siguió su viaje como si nada, pero el artista quedó furioso, por lo que tomó una muy mala decisión.
Enseguecido por la ira y sus deseos de venganza, aceleró y persiguió al motociclista hasta que lo alcanzó en un semáforo y lo insultó.
No obstante, el joven no quiso ser menos y le lanzó una patada al automóvil.
Esto fue la gota que rebalsó el vaso de la paciencia de Rodolfo, quien aceleró y lo invistió enviándolo varios metros por el aire.
El choque fue tan fuerte que el motociclista sufrió múltiples facturas en la pierna, el brazo y varias costillas.

Gracias a los testigos, la ambulancia llegó de inmediato y fue hospitalizado de urgencia, logrando de esta forma sobrevivir.
Rodolfo no se resistió al arresto y hasta llegó a decir que se merecía lo que le había pasado.
Ante esta descarada confesión, fue imputado por el cargo de intento de homicidio.
El actor pasó 15 días en prisión preventiva.
Su defensa dijo que se trató de defensa propia ante una agresión previa por parte del motociclista, pero contra todo pronóstico, la prensa tituló con frases como “De héroe a criminal o el vaquero que perdió el control.
” Su caso generó una gran controversia en el público.
Algunos lo dilapidaron, pero otros llegaron a justificarlo.
Finalmente, luego de dos semanas de prisión, se llegó a un arreglo sin ir a juicio.
La familia de la víctima recibió una gran suma económica como indemnización.
Rodolfo fue liberado y continuó actuando en grandes producciones, pero esta vez lo hacía con una mancha en su historial y el desprecio de muchos que nunca pudieron olvidar aquel día en que el querido actor explotó de ira.
Joaquín Cordero debutó como actor en el año 1944, llegando a participar en más de 200 producciones.

Algunas de sus actuaciones más destacadas incluyen a Don Amador en Destilando Amor, el padre Belisario en la madrastra y don Severiano en Abrázame muy fuerte.
También fue reconocido por su trabajo en películas como El libro de piedra, El Río y la muerte y Quinto Patio.
En la mayoría de sus papeles, Joaquín solía interpretar hombres honestos, incorruptibles y siempre del lado de la ley.
No obstante, en la vida real no era tan correcto como aparentaba.
Se decía que el famoso actor era propietario de un temperamento explosivo y que eran muy pocos los que se atrevían a hablarle cuando estaba de mal humor.
Sin embargo, había algo en la que la mayoría de las personas estaban de acuerdo y es que Cordero era un hombre celoso y posesivo con sus parejas.
Esto se confirmó una noche en 1954, cuando en ese entonces ya era un artista consagrado y respetado por todos.
Pero hubo alguien que se pasó de la raya y dejó al descubierto su peor lado.
Cordero se encontraba cenando en Shamselice, un exclusivo restaurante ubicado en la colonia Kaautemoc.
No estaba solo, lo acompañaba una joven actriz de una belleza única y que podía dejar a todos sin aliento.
Y esa noche no fue para nada la excepción.

Un productor que también estaba cenando en el lugar quedó fascinado por su belleza y se acercó a saludar sin imaginar las consecuencias de su acto.
El productor no solo la saludó con entusiasmo, sino que puso su mano en el hombro y le dijo algo al oído para luego guiñarle el ojo.
Esta secuencia, que para muchos sería interpretado como un simple juego de seducción, provocó que Joaquín Cordero cometiera una locura.
De un momento a otro, el productor estaba siendo apuntado por un revólver.
La mirada del actor lo hizo palidecer y se alejó antes de que todo terminara en un baño de sangre.
Cordero guardó el arma y siguió con su cena como si nada hubiera ocurrido.
No obstante, todos los presentes estaban en shock porque habían sido testigos de la verdadera naturaleza del artista.
A los pocos minutos, la policía se presentó en el lugar y lo arrestó sin problemas.
Joaquín Cordero pasó una noche tras las rejas y fue acusado de portación ilegal de arma de fuego y amenazas.
Sin embargo, gracias a su influencia y el pago de la fianza, fue liberado al día siguiente y siguió su carrera como si nada, solo que esta vez con muchísimo más cuidado.
Su caso demostró que en ocasiones el poder y la fama pueden convertirte en una persona intocable.

En su caso, la prensa casi ni habló del tema y la joven actriz, aquella que desgraciadamente quedó en medio del conflicto, no volvió a aparecer en ninguna producción.
Los rumores dicen que Joaquín Cordero le entregó una gran suma de dinero a cambio de su silencio y para que abandonara el país.
Otros creen que el motivo es muchísimo más oscuro y que pudo haberse alejado por miedo, comprendiendo que los hombres con poder pueden salirse con la suya si así lo desean.
Pero Joaquín Cordero no fue el único actor de la época dorada que tenía un carácter fuerte.
Otro fue José Elías Moreno, quien actuó en películas como Las tres perfectas casadas, La Valentina y La Horripilante bestia humana.
Quienes llegaron a conocerlo lo describían como un hombre imponente, con una mirada intensa y una voz grave e intimidante.
La expresión dura e inquebrantable lo llevó a interpretar personajes fuertes y hasta villanos.
No obstante, no eran solamente sus personajes.
José Elías también tenía un temperamento explosivo en la vida real y al igual que Cordero, quedó al descubierto en un restaurante y a la vista de todos.

Esto sucedió una noche en el año 1957 en un restaurante exclusivo al que acudían los famosos en la ciudad de Guadalajara.
En su caso, Moreno no estaba en compañía de una bella dama, sino de colegas con quienes estaba celebrando el fin de un rodaje.
Chocaron las copas, pero la champaña se convirtió en tequila, luego en brandy y finalmente en mezcal.
Ya de madrugada, el actor comenzó a relajarse más y más, olvidando que estaba en un lugar público.
Entonces le pidió al mesero que le sirviera otra ronda de alcohol.
¿Por qué la noche, según él, aún estaba en pañales? No obstante, el joven empleado notó que el actor y sus compañeros habían alcanzado cierto límite, por lo que se negó a llenarle los vasos.
Aunque el mesero intentó explicarles que eran las reglas de la casa, José Elías arremetió contra el pobre hombre sin piedad, completamente alcoholizado, tomó una botella de la mesa y lo golpeó con fuerza en la cabeza.
Aturdido.
La víctima cayó al suelo en estado de shock.
Pero, y siempre existe un pero, la gravedad de su ataque no calmó al artista, quien en vez de volver en sí, comenzó a destrozar el local.
Rompió sillas, mesas, lanzó vasos contra las paredes mientras los demás comensales trataban de alejarse de la bestia que andaba suelta.
Entre gritos de furia, alguien llegó a escuchar que decía, “¿Tú sabes quién soy yo? Soy el cabrón que hace que tú y todos los que están aquí se sienten a ver películas cada semana, imbécil.

” No obstante, aquel hombre fuera de sí distaba mucho del actor al que todos admiraban.
Y es así que antes de que la noche terminara con más heridos, llegaron las autoridades, quienes esposaron a un enloquecido moreno y lo trasladaron a la estación de policía.
El artista pasó dos noches detenido y fue acusado por cargos de agresión, alteración del orden público y daños a la propiedad.
Pero eso no fue todo, porque durante su estadía intentó sobornar a los oficiales para que lo sacaran de inmediato.
Al tercer día lo liberaron tras pagar una gran suma de dinero y luego de que el restaurante retirara los cargos por presión de la defensa.
Para su suerte, el mesero logró salir con vida, pero no pudo regresar a su trabajo, aunque recibió una compensación económica por la agresión sufrida.
A pesar de que José Elías Moreno logró zafar de la cárcel gracias a sus contactos y su dinero, su reputación quedó manchada.
Algunos papeles se vinieron abajo y hubo productores que preferían no trabajar con él temiendo disputas en el set.
Sin embargo, pese a esto, hubo otros productores que aún así lo buscaban, porque ese carácter volátil era precisamente lo que buscaban en sus personajes.
Lo cierto es que nunca ofreció disculpas públicamente y tampoco mostró algún tipo de remordimiento.
Una vez más, el poder y la violencia terminó por ganar.
Moreno jamás envió disculpas al camarero ni al restaurante que destrozó y siguió con su carrera como si nada hubiese ocurrido hasta su muerte, lo que ocurrió en el año 1969 en un accidente automovilístico.
Víctor Junko se consagró como un actor respetado durante los años 40 y 50.
Durante la época dorada protagonizó dramas, thrillers y películas de misterio.
Era respetado no solo por su talento, sino por su personalidad serena y tranquila y su aspecto elegante y sofisticado.
Pero detrás de esa imagen de hombre perfecto se escondía un lado oscuro, uno que sus allegados más cercanos conocían a la perfección, pero que parecía que los medios tenían prohibido mostrar.
Lo cierto es que Víctor Junko era poseedor de un carácter posesivo e impulsivo que su pareja tuvo que soportar hasta que todo se fue por la borda un día en el año 1952.
En ese entonces, él mantenía una relación con una joven actriz 20 años menor que él.
Ella se encontraba perdidamente enamorada y soñaba con tener una carrera prestigiosa como la que él había acuñado.
Pero lo que ella no sabía era que el artista no se lo iba a permitir.
Víctor era celoso al extremo.
La acompañaba a todos lados sin darle respiro.
Incluso la acompañaba a los camerinos para mantenerla vigilada durante las grabaciones.
Las discusiones dentro de su vivienda eran muy frecuentes.
Los vecinos solían escuchar los gritos tras las paredes hasta que una noche fue mucho peor que todas las anteriores.
Los testigos escucharon golpes, una fuerte discusión, una mujer llorando y después un golpe seco que terminó con un silencio inquietante.
Cuando salieron al pasillo para ver qué estaba sucediendo, se encontraron con el horror.
La joven actriz estaba tirada al final de las escaleras, inconsciente y ensangrentada.
Inmediatamente fue trasladada al hospital, por lo que parecía ser un accidente.
Su cuerpo presentaba fracturas en el brazo, heridas en la cabeza y contusiones en las piernas, pero cuando recuperó el conocimiento, reveló que no había sido una caída.
sino que Junko la había empujado durante una pelea.
El actor fue arrestado de inmediato y acusado de tentativa de homicidio.
Durante 7 días permaneció en prisión preventiva mientras se investigaban los hechos.
Sus abogados, muy bien pagos y de los más prestigiosos de México, intentaron hacerles creer a las autoridades que todo había sido simplemente un accidente.
No obstante, esta vez el poder de sus abogados no sirvió de nada, porque los médicos forenses encontraron marcas en sus muñecas como si hubiera sido sujetada con fuerza y que esas heridas habían sido realizadas antes de la caída.

Desgraciadamente, la víctima retiró los cargos.
Al parecer recibió una gran suma de dinero y abandonó el país semanas después, dejando todo atrás, su carrera, sus amistades, su futuro con el que tanto había soñado y que Junko le había quitado.
Finalmente, Junko fue liberado y nunca habló públicamente del caso, ni pidió disculpas, pensando que si dejaba pasar el tiempo, la gente finalmente iba a olvidarse.
Pero su carrera se vino abajo de forma abrupta.
Ya no le ofrecían papeles protagónicos.
Perdió el respeto de colegas y de productores y directores.
Víctor Junco falleció el 6 de julio de 1988.
Se dice que en los últimos años de su vida muy poca gente estuvo junto a él y que en su funeral muy pocos lo lloraron.
Y hemos llegado al final de este video de GB documental y podemos concluir que detrás de las cámaras y de esa imagen perfecta se encuentran seres humanos capaces de cometer actos que son imperdonables, respaldados por el poder y el dinero que ostentan.
La delgada línea entre el éxito y la destrucción es tan frágil que cualquier artista, por más amado que sea, podría romperla en cualquier instante.
Talentos sin igual, éxitos en las taquillas, rostros que representaron una época llena de glamur y brillo.
Todo realizado por estrellas que construyeron el cine de la época de oro de México, desde las pantallas y fuera de los sets de rodaje.
Sin embargo, muchas de estas estrellas ocultaban un lado oscuro, actitudes reprochables, manejos turbios, abuso de poder y muchas más cosas que no llegaron al gran público porque se barrieron misteriosamente bajo la alfombra del éxito.
En una época donde el mitu y la igualdad no tenían cabida, muchas mujeres y principiantes debieron agachar la cabeza para simplemente tener un lugar en la industria del entretenimiento.
Muchos nombres pueden llegar a sorprenderte, pero recuerda, no todo lo que brilla es oro y los peores monstruos se esconden detrás de rostros bonitos, bonachones, simpáticos y principalmente de galanes intelectuales.
En este video de GB Documental conocerás a los actores más degenerados y malvados de la época de oro del cine mexicano.
Rafael Vanquels fue uno de los nombres más importantes de la industria del entretenimiento en la época dorada del cine mexicano.
Aunque comenzó como actor, ganó renombre como productor y director y fue uno de esos nombres con influencia y poder en el medio.
Rafael fue la imagen del caballero galante e inteligente.
Sin embargo, detrás de esa voz seductora y pausada, muchas jóvenes aspirantes a actriz sentían cierta incomodidad cuando estaban cerca suyo.
Entre bambalinas, coristas, asistentes de producción y dirección comentaban sobre las indiscreciones de Banquels.
Era común que el poderoso director invitara a las jóvenes actrices a cenas privadas y a lecturas de guion en habitaciones de hotel donde las persuadía con promesas de futuros proyectos y un lugar asegurado en el mundo del entretenimiento.
Tenía una mirada que decía todo.
Las prefería, jóvenes e inexpertas porque eran mucho más fáciles de controlar y engañar.
Cuando una joven actriz escuchaba del director, “Ven, querida, quiero evaluar tu potencial”, no era solamente una escalera a la fama, todo lo contrario, era una puerta quizá demasiado peligrosa para abrir.
Si bien todos estos rumores se escondieron debajo de la alfombra, mucha repercusión tuvo su matrimonio con la actriz Silvia Pinal.
La relación comenzó cuando Silvia tenía 15 años.
Se casaron cuando ella cumplió los 17.
Rafael Banquels contaba en ese momento con 30 años.
¿Es quizá esto un indicio de su apetito por las jóvenes inexpertas? El matrimonio duró 5 años y tuvieron una hija juntos.
Aunque décadas más tarde Silvia Pinal reflexionó sobre aquella turbulenta relación, llegó a decir, “Me casé para escapar de la opresión de mi padre y me fue mucho peor.
Rafael era muy celoso y no me dejaba salir ni a la esquina.
Con estos rumores, hay quienes se animan a decir que Rafael Banquels en realidad era el Harvey Waystein mexicano.
Joaquín Pardé fue la imagen del padre de familia, el bonachón, el sabio consejero.
Sin embargo, la realidad contrastaba con aquella que se veía en la pantalla grande.
le decía que era muy meticuloso y que quería tener control absoluto sobre todo lo que acontecía en el set.
No permitía ningún tipo de improvisación y llegaba a retar a cualquiera frente a todos, sin consideración incluso de que fuera con insultos humillantes.
Si un actor o una actriz salía mal en una escena, era una frenta que Pardavé podía hacer pagar con la marginación.
No se lo podía contradecir y mucho menos demostrar debilidad.
Con frecuencia, Pardavé decía, “Esto es cine, no una escuela de niños.
” No obstante, había más rumores respecto a Joaquín Pardé y era su predilección por las jóvenes actrices.
Se dice que las invitaba a cenas privadas en su casa para evaluar el talento de las aspirantes.
Principalmente fijaba su mirada sobre las chicas recién llegadas al medio, que eran inexpertas y que no tenían representantes, a las que les prometía el debut en la pantalla grande.
Muchas de estas jóvenes consiguieron papeles secundarios y pequeños y otras, quienes osaron decirle no, desaparecieron del medio artístico.
Por décadas corrió la teoría de que Joaquín Pardavé fue enterrado vivo, aunque para muchos es un simple mito, para otros la verdad está en estos rumores que fueron enterrados para mantener la buena imagen del actor.
Augusto Gerardo Junkco, mejor conocido como Tito Junkco, pudo darse el lujo de trabajar para películas del gran director español Luis Buñuel y participar en films en los Estados Unidos.
Aunque nunca contrajo matrimonio, sus romances con María Félix y Dolores del Río fueron muy comentados.
Su porte de caballero imponía respeto al igual que su talento.
Era un tipo meticuloso que elegía con quién mostrarse, aunque hubo quienes hablaron por lo bajo, marcando que no se trataba de cuidado y bajo perfil, sino todo lo contrario.
era la verdadera estrategia que tenía como depredador.
Durante las giras nacionales con las compañías teatrales que lo tenían como figura, con frecuencia invitaba a jóvenes actrices que casualmente hacía hospedar en las mismas pensiones donde él estaba.
Y luego, misteriosamente estas actrices obtenían escenas donde había una cercanía extrema.
Roses, miradas, besos.
Se decía que a las actrices las invitaba a ensayos nocturnos en habitaciones rentadas con la excusa de repasar guiones y construir la verdadera química entre los personajes.
Un fuerte rumor habla de que guardaba un archivo personal con fotografías comprometedoras de hermosas actrices.
Junco aducía que se trataba nada más que de una referencia actoral y profesional.
O podemos llegar a pensar que en realidad era un archivo de conquistas y víctimas.
Adalberto Martínez, mejor conocido como el famoso capo cómico Resortes, fue una verdadera estrella durante la época de oro.
Desde Tepito para todo México representó al hombre de barrio con picardía, simpatía y simpleza.
y con sus imposibles pasos de baile alcanzó una fama colorida, llevando alegría y sonrisas a todo el público.
Pero técnicos y bailarinas de experiencia que lo llegaron a conocer en profundidad en voz baja solían advertir a las jóvenes con sueños de ingresar y triunfar en el mundo artístico.
Le decían simplemente, “Con resortes, ten cuidado cuando las cámaras se apaguen.
” Y es que se decía que Resortes solía hacer peticiones a las coristas nuevas, jóvenes e inexpertas.
Les pedía nada más que ensayar en jornadas que habitualmente se alargaban y con la excusa de perfeccionar pasos de baile y sincronización, forzaba arroces físicos bastante incómodos para las jovencitas.
Estos comportamientos fueron más evidentes y asiduos durante las giras a nivel nacional cuando hacía su show.
citaba a las coristas a su camerino para estar solos, sin ojos indiscretos posados sobre ellos para afinar las coreografías de baile.
Para una joven mujer, decirle a resortes que no podía significar ser desplazadas del espectáculo.
Entre bailarinas y coristas, la infama del cómico creció.
Sí, era gracioso, pero muy insistente y muy molesto.
En más de una ocasión, ante la incomodidad de alguna bailarina, Resortes llegó a decir, “Es un chiste, mujer, no seas tan seria.
” Claramente era otra época, una llena de silencio y más con figuras tan importantes y queridas por el público.
Al final, las risas suelen tapar hasta los secretos más oscuros.
Fernando Soto Astol, Mantequilla fue uno de los grandes nombres de la comedia durante la época del cine de oro.
Su trabajo era hacer el alivio cómico de las películas más taquilleras y de esta forma llegó a compartir pantalla y créditos con otros iconos del humor como Cantin Flas y Tin Tan.
Sin embargo, al igual que su colega Resortes, una mancha oscura se escondía detrás de una máscara alegre y cómica.
Cuando la cámara se apagaba, bailarinas, coristas, actrices, en voz baja se compartían secretos y consejos.
Y en torno a la figura del cómico siempre se decían lo mismo.
Si te toca escena con mantequilla, procura no quedarte a solas en los camerinos, simplemente huye.
Entre los técnicos y quienes limpiaban los sets de rodaje, se hablaba mucho sobre las indiscreciones de Mantequilla, quien ingresaba a los camerinos de las mujeres sin previo aviso, obviamente sin permiso, para encontrarlas infraganti y en paños menores.
Ante las muestras de temor de las jóvenes actrices, el cómico buscaba una excusa de estar buscando una prenda perdida, un espejo siempre en tono juguetón, minimizando lo sucedido.
Claro que solamente él se reía.
Durante las giras de sus obras teatrales, en más de una ocasión lo expulsaron de los hoteles donde se alojaba por conductas inapropiadas y escándalos que terminaron siendo silenciados por la maquinaria de la industria del entretenimiento.
Por lo bajo, se sabía que si había función de mantequilla, algo extraño podía ocurrir y que debían actuar los famosos fixers, aquellos contratados por los estudios de cine para de manera discreta resolver y borrar los escándalos de las estrellas.
Claramente que nadie puede dudar del talento cómico de mantequilla, pero la realidad es que muchas veces los payasos nos dan algo de miedo.
Julio Villarreal fue un pilar para la construcción del séptimo arte en México.
Fue uno de los principales actores durante la época del cine mudo y cuando llegó el sonoro se convirtió en uno de los actores más prolíficos y versátiles, trabajando al lado de las máximas estrellas del cine de oro.
Su influencia creció mucho fuera de los sets de rodaje, donde se ganó el mote de sabio, patriarca, mentor.
Fundó compañías de artes escénicas y artistas del medio no dudaban en buscar su consejo.
No obstante, el nombre de Julio Villarreal no lo mantuvo lejos de los rumores más indecentes.
Y es así que en su mansión ubicada en Coyoacán, los fines de semana, ofrecía grandes fiestas con los artistas más importantes de México.
Si algo se decía por lo bajo es que si eras una actriz o un actor emergente, debías lograr entrar a esas fiestas para ser alguien en el mundo del entretenimiento de la época.
Eso sí, las fiestas duraban días, eran a puerta cerrada y nunca nadie pudo saber qué era lo que sucedía dentro.
Los rumores hablaban de reglas inusuales, herméticas, donde los juegos teatrales excedían lo artístico.
Es decir, hablamos de juegos de intimidad física donde los participantes, actrices y actores jóvenes sin experiencia eran sometidos a humillaciones, sumisiones, todo tipo de sometimiento y todo tipo de control.
una verdadera muestra de poder.
Se dijo que Villarreal usaba su influencia para pedir favores secretos y personales como una muestra de confianza.
Detrás de la imagen del mentor sabio se escondía un verdadero maestro de la manipulación.
Emilio, el indio Fernández fue el actor que quizá mejor representó la mexicanidad.
Esa imagen de macho y hombre fuerte tuvo un pasado turbulento, formando parte de la revolución de Pancho Villa, siendo apresado en los Estados Unidos por contrabando de armas hasta que encontró un cable a tierra en la actuación.
Viviendo del arte se convirtió en una de las figuras más importantes de la época de oro del cine mexicano.
Incluso hay un mito que dice que fue la inspiración y modelo para la estatuilla de los premios Ócar.
Sin embargo, aquel pasado violento, intenso, inestable e impotente lo alcanzó.
En los sets de rodaje llevaba un arma y no era precisamente de utilería.
la usaba con frecuencia, ya sea para interrumpir una escena que no salía como quería o para que todos guarden silencio.
Técnicos y compañeros artistas sabían que no tenían que contrari que lo único que cabía hacer era seguirle el juego.
En una ocasión llegó a disparar en la cabeza a un pintor porque simplemente creyó que se estaba riendo de él.
El hombre se salvó.
Pero quedó fuera del mundo del entretenimiento con una incapacidad mental de por vida.
Este claramente no fue el único incidente con armas de fuego.
Disparó contra periodistas y en la década del 70 llegó a quitarle la vida a un hombre.
Alegó defensa propia y por su poder e influencia logró salvarse de ir tras las rejas.
La imagen nacionalista y de macho muchas veces las llevó al extremo cuando se daba a la bebida, convirtiéndose en un claro ejemplo del machismo tóxico.
Se decía que iba atrás las jóvenes actrices que no tenían experiencia y las amenazaba con destruir sus incipientes carreras en caso de negarle un favor.
se casó con la joven actriz Columba Domínguez, a quien descubrió y moldeó a su gusto el indio.
Ella era su musa y era una prisionera emocional a la vez.
No obstante, años más tarde, Columba llegó a decir que vivía con miedo, que el indio Fernández era muy celoso, que no la dejaba tener amistades ni salir sin su permiso.
La época de oro del cine mexicano fue una era llena de alegrías, glamur y brillo que cimentaron el mundo del entretenimiento para México y que a la vez marcaron la esencia del ser mexicano para todo el mundo.
Sin embargo, detrás de las historias más gloriosas de sus estrellas, también hubo de esos otros mitos, los oscuros, los que estudios y productores intentaron esconder debajo de la alfombra de los secretos turbios.
La historia del cine está construida por sangre y lágrimas.
Son las historias que menos se quieren escuchar, pero de todas formas sabemos que allí se encuentran.
¿Qué impacto tuvo la pérdida de su único hijo en la vida de Elsa Aguirre? Como un icono de la infancia mexicana, terminó envuelto en uno de los escándalos más oscuros del cine.
¿Cómo pasó Freddy Fernández de ser un icono infantil del cine mexicano a morir en el más absoluto anonimato? Como un niño prodigio del cine mexicano, terminó viviendo en el anonimato.
¿Por qué Almadia Fuentes desapareció de la industria y terminó sola? La época dorada del cine mexicano dejó en la historia una serie de nombres y rostros tan vasta que es casi imposible seguir las vidas y carreras de muchos nombres estelares.
Rica no solo en producciones, sino también en el descubrimiento de nuevos talentos y un número increíble de actores infantiles.
como toda era debió terminar.
Pero en el camino quedaron vidas e historias que continuaron muchas veces alejadas de las cámaras.
Y no siempre el camino de aquellas figuras icónicas en blanco y negro siguió el camino de la luz.
Es el caso de las cinco estrellas de esta lista en la que recorreremos el destino y las trágicas circunstancias que acechan más allá de la fama y del precio de haber dejado quizá demasiado pronto su nombre en la historia del séptimo arte.
Elsa Aguirre, nacida en 1930, debutó a los 15 años en El sexo fuerte y desde entonces no volvió a pasar desapercibida.
Su rostro de una belleza abrumadora y su voz pausada pero firme la convirtieron en una cara recurrente para los grandes directores y productores de aquella época.
Durante las décadas de 1940 y 1950 fue omnipresente.
Actuó junto a Jorge Negrete, Pedro Infante e Ignacio López Tarzo en películas que hoy son consideradas canónicas.
fue estrella de las películas como Ojos de juventud y una mujer decente, símbolos de una época en la que las mujeres aún eran consideradas bajo estereotipos rígidos, pero Elsa lograba deslizar matices de rebeldía que eran inéditos en sus personajes.
Sin embargo, detrás de la lente las cosas eran muy distintas.
Con una agenda agotadora y sin margen para su vida personal, Elsa Aguirre se retiró abruptamente del cine a los 29 años y en ese intento por buscar normalidad conoció a Armando Rodríguez Morado, un periodista atractivo y encantador.
Pero las apariencias eran engañosas.
El matrimonio fue breve y escalofriante.
Según su hermano Jesús Aguirre, Armando era un hombre muy celoso, alcohólico y explosivo.
Y en un acto de sadismo escalofriante, quemó vivos los canarios que Elsa cuidaba con devoción.
Lo que siguió fue aún mucho peor.
Agresiones físicas, insultos, maltratos, incluso durante el embarazo de su único hijo Hugo.
Elsa logró divorciarse con ayuda de su familia.
Crió sola a Hugo, enfocando toda su energía en su cuidado y por un tiempo su vida pareció encontrar algo de luz.
Pero esa felicidad no duraría.
En 2001, Hugo, su único hijo, murió en un accidente automovilístico a los 30 años.
Elsa lo acompañó en sus últimas horas y, según diría más tarde, su hijo partió con una expresión de paz.
Aún así, el dolor desgarró.
Pese a las tragedias, Elsa no sucumbió.
Aunque su carrera como actriz quedó atrás, siguió siendo una figura pública entrevistada como icono.
Elsa Aguirre es recordada como un símbolo de elegancia y talento, pero también como una mujer fuerte que se sobrepuso a lo peor.
Falleció en enero de 2025 cuando tenía 95 años de edad, cuando en el año 1958 el cine mexicano presentó la película Pulgarcito.
El público quedó fascinado por el rostro simpático de un niño pequeño llamado Cesário Quesadas Cubillas.
Pero desde luego su nombre real quedó en un segundo plano porque a partir de ese momento se convirtió simplemente en pulgarcito.
A lo largo de los años 50 y 60 protagonizó más de 17 películas, incluyendo Santa Claus de 1959 y Caperucita y Pulgarcito contra los monstruos, películas ineludibles de la infancia mexicana.
Pero el final de la niñez también fue el final de su fama.
Como tantos otros actores infantiles, Cesareo fue víctima de una industria que adora a los niños mientras son tiernos y no tiene reparos en desecharlos cuando su imagen ya no seduce con su inocencia.
Con el tiempo, Cesareo dejó de aparecer en la pantalla, se casó y tuvo cuatro hijos.
En un segundo matrimonio fue padre de dos más junto a Claudia Burgos, en total seis hijos y un aparente retiro digno.
Sin embargo, en el año 2002 su nombre volvió a ocupar los titulares, pero no por algo relacionado a su carrera artística, sino por uno de los escándalos más oscuros del cine mexicano.
Y es que Cesario Quesadas fue acusado de abusar sexualmente de varios de sus hijos.
Claudia Burgos, su segunda esposa, declaró haber encontrado un video donde aparecía cesáreo abusando de una de sus hijas.
Más tarde trascendió que habría más grabaciones similares.
El caso fue un golpe directo al corazón de la opinión pública.
Durante el juicio, Pulgarcito se declaró inocente.
Dijo que era víctima de una venganza coordinada por sus exparejas.
El juez desestimó 10 de los 11 cargos, pero el restante bastó.
fue condenado inicialmente a 20 años de prisión, condena que luego aumentó a 23 años y medio.
No obstante, en el año 2021, tras cumplir 19 años tras las rejas, obtuvo la libertad anticipada.
Durante su encarcelamiento en el penal de Yucatán, Quesadas fue conocido simplemente como Pulgar.
El 14 de marzo de 2021 salió de prisión, pero la sombra de las acusaciones jamás lo abandonó.
Hay quienes aún lo defienden, afirmando que fue una víctima del sistema judicial y de las intrigas personales.
Otros, en cambio, ven en él un ejemplo de la perversión que puede esconderse tras una idea equivocada basada en la ficción.
Alfredo Jesús Fernández Saens nació en enero de 1934 en la ciudad de México.
A los 9 años debutó en la película Morenita Clara, compartiendo créditos con otra promesa infantil del cine nacional, Evita Muñoz, Chachita.
Aquella dupla se convertiría en una de las más entrañables del cine mexicano de los años 40.
Juntos protagonizaron clásicos como nosotros los pobres, ustedes los ricos y Pepe el Toro.
En estos films, Pedro Infante era la figura central, pero Freddy en su papel de el ata, el muchacho Atolondrado, se robaba las escenas simpáticas con su carisma natural.
A lo largo de su adolescencia, Freddy Fernández consolidó su carrera como uno de los actores más activos del cine mexicano.
Fue el productor Luis Manrique quien le dio el apodo que lo acompañaría para siempre, el Pichi.
A diferencia de otros niños actores que desaparecieron tras la pubertad, Freddy logró evolucionar a personajes juveniles y luego adultos, aunque siempre encasillado en el papel de humilde simpático.
Incursionó también en el cine de luchadores y participó en decenas de películas del subgénero popular.
En resumen, una carrera casi perfecta y se esperaba un final igual de prolijo y pacífico, pero lamentablemente no pudo ser.
En los años 80 su salud comenzó a deteriorarse.
Fue diagnosticado con cáncer de esófago, una enfermedad que lo fue consumiendo lentamente.
Lejos de la pantalla y sin los reflectores que lo acompañaron en su juventud, Freddy se refugió en su familia.
nunca protagonizó un escándalo ni estuvo involucrado en líos judiciales o financieros, pero su ocaso fue silencioso, sin homenajes y sin despedidas públicas.
El 10 de mayo de 1995 murió a los 61 años en el anonimato, en un hospital donde apenas unos pocos compañeros fueron a acompañarlo.
José Antonio Rodríguez Má nació el 22 de agosto de 1948 en la Ciudad de México.
Su destino estaba marcado desde la cuna.
Era el hijo de Joselito Rodríguez, el renombrado director de cine.
Su primera aparición en el cine la realizó con apenas unos meses de vida en la película Café los Chinos, filmada en 1949.
Desde entonces, su carrera fue vertiginosa.
Antes de cumplir los 3 años, ya era reconocido por su talento precoz y a esa edad obtuvo su primera nominación al Ariel por su participación en Píntame angelitos blancos del año 1954.
Dos años después, en 1956, ganó el codiciado galardón por la cinta después de la tormenta, consolidando así su posición como una de las estrellas infantiles más prometedoras del momento.
Entre su niñez y su adolescencia filmó cerca de 20 películas.
Su rostro aniñado y su facilidad para memorizar diálogos lo convirtieron en el niño favorito de productores y directores.
Y es así que actuó junto a gigantes como Pedro Infante, Germán Tintán Valdés, Jorge Negrete y María Félix.
Cuando su niñez pasó, decidió alejarse de las cámaras, pero no del espectáculo.
Se desempeñó como productor, fotógrafo, musicalizador y guionista y se convirtió en miembro activo de la Sociedad Mexicana de Directores y Realizadores de Obras Audiovisuales.
Fue un gran promotor del cine mexicano en sus años finales, organizando eventos y espacios de difusión para el talento nacional.
En algunas ocasiones volvió a actuar por pura nostalgia, sin escándalos, sin caídas estrepitosas, sin adicciones ni abandonos.
Su vida era plácida, pero todo quedó a mitad de camino.
En septiembre de 2013, Pepito Romay murió repentinamente a causa de un infarto fulminante.
Tenía en ese entonces 65 años y su fallecimiento sorprendió a la comunidad artística, pero pasó casi desapercibido para los medios y para el público.
No hubo homenajes multitudinarios ni retrospectivas en televisión.
Su muerte como su vida adulta fue silenciosa, prácticamente invisible.
Aquel niño que ganó el premio Ariel antes de aprender a leer se fue de este mundo sin que la industria a la que había dedicado su vida lo despidiera siquiera con una parte del cariño que él le entregó durante toda su vida.
Delia Susana Fuentes González nació el 22 de enero de 1937 en la Ciudad de México.
A los 10 años, cuando la mayoría de las niñas apenas están explorando los juegos infantiles, ya estaba inmersa en la activa industria del cine mexicano.
Su debut en Sinfonía de una vida del año 1946 marcó el inicio de una carrera vertiginosa.
Al año siguiente ya compartía pantalla con el mismísimo Pedro Infante en la barca del Oro.
Y en poco tiempo su rostro delicado, su mirada aguda y su actuación genuina la convirtieron en una de las favoritas del público y de los directores.
Aunque su carrera iba encaminada hacia una consagración segura, fue un histórico director español, Luis Buñuel, quien la inmortalizó en la historia del cine mundial.
En la película de 1950, Los Olvidados, Alma Delia Fuentes interpretó a Meche, la niña con una mirada callada que era más elocuente que cualquier parlamento, la crítica cayó rendida a sus pies.
El papel le valió una nominación al Ariel como mejor actuación infantil y aunque no lo ganó ese año, lo haría al siguiente por historias de un corazón.
Su paso por las películas allá en el Rancho Grande y una familia de tantas confirmó que no era un fenómeno pasajero, sino una figura sólida en una época en que no faltaron revelaciones.
En total filmó 54 películas, participó en cinco telenovelas y fue una figura constante en el teatro.
A los 17 años, ya siendo una joven promesa convertida en mujer, contrajo matrimonio con Julio Azcárraga.
Tuvieron cuatro hijos y si bien la maternidad la alejó por un tiempo de los reflectores, no lo hizo de la cultura popular.
Volvió a actuar en 1962 y se casó por segunda vez con Rafael del Río.
Sin embargo, algo iba a suceder, un declive silencioso que solo se hizo público cuando ya era demasiado tarde.
En 1970, Alma Delia anunció su retiro definitivo cuando tenía 33 años.
Se recluyó en su hogar una mansión en Naalpan, donde se decía que vivía cómodamente.
Durante décadas su nombre desapareció de los titulares, pero el silencio ocultaba una historia muchísimo más amarga.
En el año 2016, los vecinos de la lujosa colonia donde se había recluido en soledad dieron la alarma.
Alma Delia vivía en el garaje de su casa, rodeada de basura y excremento de animales en condiciones de total abandono.
Había pasado de las carteleras y la fama a dormir sobre un colchón sucio, sin agua potable, sin electricidad estable y casi sin comida.
Su ropa estaba desgastada, se la veía débil y demacrada.
Su soledad era total.
Ninguno de sus cuatro hijos la visitaba.
Los periodistas que acudieron encontraron una escena estremecedora.
La estrella infantil, la que había conquistado a Buñuel y a Pedro Infante, era casi imposible de distinguir de una persona sin hogar.
El 2 de abril de 2017, Alma Delia Fuentes murió por una sepsis.
Nadie la acompañó en sus últimos días.
Su historia, la de una artista aclamada, aplaudida y luego olvidada por todos, incluso por sus propios hijos, se convirtió en símbolo del desprecio que muchas veces envuelve a quienes alguna vez tuvieron el mundo a sus pies.
Lo cierto es que la vida pasa y la memoria queda.
La gloria, que a veces es esquiva, tiene un precio y una fecha de caducidad.
Pero ya sea que nos encontremos del lado de las estrellas o de quienes las atesoran en sus mejores recuerdos, es casi seguro que vale la pena.
Muchos talentos construyeron la época de oro del cine mexicano, tanto con su brillo en la pantalla como con sus muertes.
Y es que detrás de la trágica pérdida de muchas estrellas se escondieron misterios y muchísimas teorías.
Los cuerpos hablan y en una mesa de autopsia hablan mucho más.
Perdieron la vida como se cree o hubo algo más.
¿Qué misterio se esconden estas muertes? ¿Qué hay detrás del brillo de la época de oro del cine mexicano? fueron consumidos por una industria que los trituró mental y físicamente.
Blanca Estela Pavón comenzó como actriz de doblaje y dio el salto a la pantalla grande en el año 1947, convirtiéndose en una de las mejores compañeras de Pedro Infante.
Juntos irradiaron el brillo que consolidó a la época de oro.
El 26 de septiembre de 1949, el avión en el que viajaba Blanca Estela Pavón se estrelló contra el icónico volcán Popocatepetle.
Tenía 23 años.
Los cuerpos de los pasajeros estaban calcinados, a excepción de Blanca.
Quienes la encontraron dijeron que simplemente parecía estar dormida.
El informe oficial declaró que perdió la vida debido al impacto, las múltiples contusiones y las quemaduras.
El profesional que estuvo a cargo de la autopsia determinó que Blanca sufrió un golpe en el cráneo por un objeto contundente que le habría arrebatado la vida y una herida en el abdomen provocada por un objeto cortopunzante.
El forense insistió en hacer una nueva autopsia, pero eso le fue negado y se lo obligó a cerrar el caso.
Hay quienes dicen que Blanca rechazó la propuesta amorosa de una persona muy poderosa de México y otros apuntan a que estaba a punto de firmar un contrato con una empresa extranjera que incomodaba a ciertas personas de influencia.
Lo cierto es que una azafata declaró haber visto un extraño militar rondando por el avión antes del despegue y que no se investigó a fondo la supuesta falla del motor.
Blanca dejó instrucciones para donar una cuantiosa suma de dinero a una iglesia y enviar un retrato suyo al periódico La Calandria.
Quizá Blanca estaba presintiendo que se acercaba su final.
Jorge Negrete, más conocido como el charro cantor, fue un icono del cine de oro y el final de sus días marcó un dolor a un país y muchas dudas.
El 5 de diciembre de 1953, los medios comunicaron que el artista perdía la vida a los 42 años por una falla hepática derivada de la cirrosis.
Lo más extraño es que Jorge Negrete no era bebedor y como icono de la mexicanidad cuidaba su imagen de hombre fuerte con rutinas diarias de ejercicios.
Entonces, muchos se preguntaron por qué falleció de cirrosis.
Una década más tarde, el médico que hizo la autopsia dijo que en el estómago del charro cantor se encontraron rastros de una sustancia no determinada.
una inflamación anormal en el corazón, úlceras gástricas y que el hígado se deterioró a una velocidad inaudita.
Para colmo, el cuerpo de Negrete fue embalsamado casi de inmediato, sin que se permita una nueva autopsia o una segunda opinión profesional.
Cabe mencionar que Jorge Negrete fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional de Actores y que la presidió por 8 años.
encabezando como ninguno las luchas sindicales, por lo que obviamente se granjeó de enemigos poderosos, de esos que se mueven entre las sombras de la política y el empresariado.
Algunos se preguntan, ¿el ídolo fue lentamente envenenado por esos enemigos del poder? La vida de Miroslava Stern estuvo llena de tragedias.
Perdió a sus padres biológicos a temprana edad.
En su Checoslovaquia natal estuvo en un campo de concentración con su familia adoptiva hasta que pudieron huir de los nazis en 1941.
Llegó a México y encontró en la actuación su vocación, llegando a convertirse en una estrella y siendo considerada como la Marilyn Monroe mexicana.
Y paradójicamente tuvo un final demasiado parecido a su contraparte norteamericana.
El 9 de marzo del año 1955, Miroslava Stern fue encontrada sin vida por su ama de llaves.
En su mano tenía una foto arrugada del torero español Dominguín y cartas escritas para su padre y a su hermano.
Todo indicaba que se trató de un suicidio por un mal de amores, ya que Dominguin se casó unos días antes en secreto.
Otra teoría apuntó a Cantinflas, quien la habría rechazado por estar casado.
Los estudios determinaron que su deceso se debió a una sobredosis de pastillas antidepresivas mezcladas con alcohol.
Sin embargo, el estudio toxicológico hizo mención de una sustancia rara que no se llegó a identificar.
Un enfermero llegó a decir que el cuerpo de Miroslava presentaba señas de haberse resistido alguien y que la escena parecía construida.
¿Quién querría quitarle la vida? Algunos señalan a un torrido romance con alguien importante de la política, mientras que otras voces apuntan a que la señorita Stern era en realidad una espía soviética y que su tapadera como actriz había sido descubierta.
Pedro Infantes, sinónimo del cine de oro mexicano, siendo uno de sus máximos exponentes, por no decir el máximo, marcó un antes y un después con voz, carisma, talento y precisamente con el final de su vida.
El 15 de abril del año 1957, el avión en el que viajaba Pedro Infante se estrelló causando un gran dolor en el pueblo mexicano.
Su cuerpo quedó irreconocible por las llamas, quedando totalmente calcinado y siendo reconocido por una esclava de oro.
No obstante, dijeron que la esclava fue encontrada en su bolsillo.
Y la pregunta obligada era, ¿por qué no la llevaba puesta? Además, la autopsia determinó que tenía una fractura vieja que el actor nunca había tenido ni declarado.
Esto obviamente chequeado con los antecedentes de sus exámenes médicos.
La pregunta que surgió fue, ¿era verdaderamente el cuerpo de Pedro Infante? ¿No se hicieron pruebas científicas que confirmen que se trataba del ídolo del pueblo? Y los rumores de un poder político y mafioso detrás de su muerte sembraron las dudas que persisten al día de hoy sobre si verdaderamente se trataba del gran Pedro Infante.
Si el año 1960 la época de oro del cine mexicano ya era historia y en una oscura coincidencia ese mismo año le era arrebatada la vida a Ramón Gay, estrella que brilló en un sinfín de géneros.
El 28 de mayo, Ramón invitó a cenar a su compañera de elenco, Evangelina Elisondo, reconocida por ser las piernas más lindas de México, cuando encontró su final a manos del exmido de ella, José Luis Paganoni, que con un arma calibre 38 arremetió a balazos contra el actor.
Los informes policiales y los medios hablaron de un crimen pasional, pero en la sala de autopsia quedaron algunas dudas que nunca han sido respondidas.
El cuerpo de Ramón presentaba cortes, dos de ellos letales, heridas defensivas y dos heridas descendentes que no coincidían con el ángulo de ataque de su agresor.
