💬 Mar Flores recuerda su infancia marcada por una educación estricta: “Mi madre nunca supo acercarse a mí ni ponerse en mi lugar”

Mar Flores recuerda que su madre la educó con normas muy estrictas y una visión austera de la vida que marcó su infancia

La modelo y empresaria Mar Flores, de 56 años, ha abierto una ventana íntima a su pasado al recordar la compleja relación que mantuvo con su madre durante la infancia.

En su relato, la también figura pública describe una educación marcada por la disciplina, la austeridad y unas normas rígidas que durante años le resultaron difíciles de comprender.

Criada en el barrio madrileño de Usera junto a sus hermanos, Flores recuerda una infancia en la que su madre, Ángela Caballero, intentó inculcar a sus hijos la idea de que la vida era dura y exigente.

Mar Flores, 56 años, sobre su familia : “Mi madre no me dejaba comer el pan  tierno que yo misma bajaba a comprar cada día, y me daba el del día  anterior”

Aquella filosofía se reflejaba incluso en los detalles más cotidianos del hogar.

Uno de los recuerdos que más le ha quedado grabado tiene que ver con el pan que se servía en la mesa familiar.

Mientras ella deseaba comer pan recién hecho, su madre insistía en que debía consumir el del día anterior.

“¿Pero que mi madre me hiciera a mí comer pan duro? Hasta tal punto llegaba su obsesión por hacerme entender que la vida era dura que no me dejaba comer el pan tierno que yo misma bajaba a comprar cada día, y me daba el del día anterior”, recuerda la modelo.

Aquella escena cotidiana simbolizaba para la joven Mar una forma de educación que en su momento no lograba comprender.

La niña que regresaba del colegio con una barra crujiente recién comprada debía aceptar que en casa la norma era otra.

Su madre estaba convencida de que sus hijos debían aprender desde pequeños que la vida no siempre ofrece facilidades.

Con el paso de los años, la modelo ha reflexionado sobre ese tipo de crianza y sobre las dificultades que marcaron a su madre.

En su testimonio reconoce que la relación entre ambas estuvo marcada por una distancia emocional que nunca llegó a desaparecer del todo.

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“Ella nunca supo acercarse a mí, nunca se puso en mi lugar, no sabía empatizar.

Estoy convencida de que, hasta mucho tiempo después, no fue capaz de entenderme”, escribe Flores al recordar aquellos años en los que la comunicación entre madre e hija resultaba especialmente complicada.

Sin embargo, al analizar su historia familiar, la modelo también ha tratado de comprender el contexto que moldeó el carácter de su progenitora.

Según explica, Ángela Caballero creció en circunstancias difíciles que la obligaron a asumir responsabilidades desde muy joven.

La abuela de Mar abandonó el hogar durante un tiempo para buscar trabajo, dejando a sus hijos al cuidado de la mayor de ellos.

Esa hija era Ángela, quien tuvo que ejercer prácticamente como madre de sus hermanos siendo todavía muy joven.

“Un día se fue a buscar trabajo y apareció tiempo después.

Y mi madre, la mayor, se quedó al cuidado de todo”, recuerda la modelo.

Para Flores, aquella experiencia debió de ser profundamente dura.

“Sin duda, tuvo que ser terrible para ella.

Estoy convencida de que asumir responsabilidades que no te corresponden acaba pasando factura antes o después”, añade.

Ese pasado, según la modelo, marcó profundamente la forma en que su madre entendía la vida y la educación.

Cuando llegó el momento de criar a sus propios hijos, continuó aplicando el mismo nivel de exigencia que había vivido en su propia infancia.

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“Eso se quedó tan grabado en ella que impuso a sus propios hijos un nivel de exigencia estricto y altísimo, como lo había padecido ella”, explica Flores.

La modelo recuerda que su madre pedía a sus hijos el mismo sacrificio que ella había tenido que asumir años atrás, sin tener en cuenta que el contexto social y económico ya era diferente.

“Nos pedía las mismas cosas que ella había vivido en su época, sin tener en cuenta que ni los tiempos ni las situaciones eran las mismas”, afirma.

A pesar de las dificultades en su relación, Flores reconoce el esfuerzo que realizó su madre en circunstancias muy complicadas.

La vida de Ángela Caballero estuvo marcada por la responsabilidad temprana y por una época histórica difícil para muchas familias españolas.

La propia modelo admite que con el paso del tiempo y tras convertirse en madre, logró comprender algunos de los motivos que estaban detrás de aquella educación estricta.

Sin embargo, también asegura que decidió no reproducir ese mismo modelo con sus propios hijos.

Durante su infancia, enfrentarse directamente a su madre no parecía una opción viable.

Según relata, contradecirla solía desembocar en discusiones que terminaban inevitablemente con su derrota.

Ante esa situación, la joven Mar desarrolló una estrategia personal que acabaría influyendo en su forma de afrontar los conflictos a lo largo de su vida.

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Aprendió a evitar las confrontaciones directas y a buscar soluciones alternativas.

“Jamás me ha interesado el conflicto ni el enfado; no merece la pena”, asegura hoy.

Esa actitud le permitió encontrar pequeñas formas de independencia incluso dentro de las normas estrictas de su hogar.

Para conseguir el ansiado pan fresco que su madre no le permitía comer en casa, ideó un plan sencillo: ahorrar poco a poco.

Cada moneda que conseguía la guardaba en una hucha.

Cuando reunía lo suficiente, volvía a la panadería y compraba su propia barra de pan recién hecha.

Pero el momento de disfrutarla no tenía lugar en casa.

La joven se la comía antes de subir al piso familiar, mientras paseaba al perro por las calles cercanas a Legazpi.

Aquel gesto sencillo representaba para ella una pequeña victoria personal.

En esos paseos solitarios, recuerda Flores, empezó a entender que la vida podía ser dura, como insistía su madre.

Pero también descubrió que siempre existían maneras de hacerla más llevadera.

Y muchas de ellas dependían únicamente de uno mismo.