Vicky Dávila generó polémica al centrarse en cuestionar trivialidades sobre el presidente Gustavo Petro, mientras ignoraba denuncias graves sobre corrupción y compra de votos.

En un episodio que ha dejado a muchos colombianos boquiabiertos, Vicky Dávila ha subido un video donde se cuestiona de manera absurda qué vaso usa el presidente Gustavo Petro.
Este tipo de preguntas, que parecen más bien un intento de desprestigiar, surgen en un contexto donde la campaña de oposición se ha centrado en atacar al mandatario en lugar de presentar propuestas concretas para el país.
La obsesión de Dávila por el vaso del presidente revela una falta de ideas y una estrategia basada en el odio y la desinformación.
Durante su intervención, Petro no se quedó callado ante las provocaciones de la periodista.
“Eres un HP usando tus mismas palabras para hablar de la oposición”, respondió, señalando que la falta de propuestas en la campaña de Dávila es alarmante.
“Aquí tú eres el único que ha beneficiado a narcos”, continuó, recordando las acusaciones que han surgido en torno a la familia de su oponente.
La discusión se tornó intensa cuando Petro mencionó que su rival había llegado a la presidencia gracias a un pacto corrupto, revelando así las conexiones oscuras que lo rodean.
A medida que la conversación avanzaba, Petro enfatizó que esta podría ser la primera vez en la historia democrática de Colombia que un candidato se basa exclusivamente en el odio hacia un presidente en funciones, sin ofrecer ninguna alternativa real al electorado.
“No hay ideas, no hay propuestas, solo la basura que genera el odio”, afirmó, subrayando el vacío que caracteriza la campaña de Dávila.

No obstante, lo más inquietante es que, mientras Dávila se centraba en el vaso de Petro, el presidente estaba denunciando un complot para financiar la compra de votos en las elecciones de 2026.
Se mencionó que decenas de millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo estaban en juego, sin el permiso del gobierno nacional, creando un escenario donde el financiamiento ilícito podría influir en el resultado electoral.
“Van a tener ustedes una oferta de crédito, ojo, con tasa de interés”, alertó Petro, refiriéndose a un plan que podría dejar a los ciudadanos y municipios endeudados, similar a los controvertidos bonos Carrasquilla.
La estrategia de Dávila parece estar diseñada para desviar la atención de las verdaderas cuestiones que afectan al país.
En lugar de investigar y reportar sobre las graves acusaciones de corrupción y compra de votos, su enfoque se ha centrado en trivialidades, lo que ha llevado a muchos a cuestionar la ética periodística y la responsabilidad de los medios en la cobertura de temas tan serios.
“¿Cómo hacer esa pregunta cuando los interrogantes de Vicky siempre van dirigidos única y exclusivamente a Petro?”, se preguntó el presidente en un tono desafiante.
Esta insistencia en atacar a Petro, mientras ignora las denuncias de corrupción, ha llevado a muchos colombianos a cuestionar la imparcialidad de los medios y su papel en la democracia.
La falta de cobertura sobre las acusaciones serias de Petro contrasta fuertemente con el enfoque en su vaso, lo que ha generado un debate sobre la calidad del periodismo en el país.

En un momento de la transmisión, Petro dirigió una pregunta a la fuerza pública presente: “¿Dónde está el general de la policía?” Su intención era dejar claro que la prioridad de la policía debería ser la captura de quienes intenten comprar votos.
Sin embargo, Dávila interpretó esto como una humillación, alegando que Petro estaba menospreciando a los héroes de la nación.
“Miren esto.
¿Dónde está el general de la policía?”, insistió, mientras las cámaras capturaban el momento.
La respuesta de Petro fue contundente: “Lo que no tiene perdón es la superfidia de Vicky Dávila.
En una democracia, la fuerza pública se somete al mandatario por orden constitucional”.
Con esto, dejó claro que su autoridad como presidente es legítima y debe ser respetada, enfatizando que su deber es proteger los derechos y libertades de todos los ciudadanos.
La situación actual en Colombia es crítica, y la manipulación de la información por parte de algunos medios de comunicación solo agrava el problema.
La obsesión de Dávila con el vaso de Petro es un síntoma de una campaña que carece de sustancia y que se basa en la desinformación y el ataque personal.
Mientras tanto, el país enfrenta desafíos reales que requieren atención y soluciones efectivas.
La pregunta que queda es: ¿hasta cuándo los colombianos permitirán que el espectáculo y la trivialidad dominen el debate político?
