Confirmación impactante: El sicario de Escobar y su agonía final.
La historia de Colombia quedó marcada por el rastro de sangre del Cartel de Medellín, pero pocos finales han sido tan simbólicos como el de Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”. Quien fuera el “General de la Mafia” y mano derecha de Pablo Escobar, pasó de ordenar miles de muertes desde la opulencia del crimen a enfrentar una batalla que no pudo ganar: un cáncer terminal en una fría cama de hospital.
El expediente negro: Una vida de “plata o plomo”
Jhon Jairo Velásquez no fue un criminal cualquiera. Se estima que participó directamente en más de 250 asesinatos y coordinó la logística de otros 3,000. Su lealtad a Escobar era absoluta, llegando al extremo de ejecutar a su propia pareja por orden del “Patrón”. Durante los años 80 y 90, su nombre era sinónimo de terror en las calles de Medellín y Bogotá, participando en eventos que fracturaron la democracia colombiana, como el magnicidio de Luis Carlos Galán y la bomba al avión de Avianca.
Sin embargo, tras cumplir 23 años de prisión y recuperar una libertad que usó para convertirse en un polémico influencer y youtuber, la justicia humana y la biológica se encontraron. En 2018, volvió a las rejas por delitos de extorsión, pero su cuerpo ya estaba sentenciado por una enfermedad silenciosa.
El ocaso en el Instituto Nacional de Cancerología
El “expediente negro” de Popeye cerró su último capítulo el 6 de febrero de 2020. Lejos de la gloria del bajo mundo, Velásquez fue trasladado desde la cárcel de máxima seguridad de Valledupar hacia Bogotá debido a complicaciones de salud. El diagnóstico fue implacable: cáncer de esófago en fase terminal (Estado IV).
Sus últimos días estuvieron marcados por:
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Metástasis agresiva: El cáncer se había extendido a los pulmones, el hígado y otros órganos abdominales.
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Tratamientos paliativos: Los médicos se centraron en controlar el dolor insoportable, ya que la enfermedad era inoperable e incurable.
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Soledad hospitalaria: A pesar de su fama mediática, sus horas finales las pasó bajo estricta vigilancia del INPEC, sin los lujos que alguna vez ostentó.
La imagen del hombre que desafiaba al Estado colombiano se desvaneció entre sondas y sedantes. A los 57 años, el sicario más famoso del mundo exhaló su último suspiro, dejando tras de sí un legado de dolor para miles de víctimas que, incluso tras su muerte, siguen buscando justicia y verdad.
Análisis: ¿Justicia divina o fin de una era?
La muerte de Popeye no solo significó el fin de un individuo, sino el cierre simbólico de una de las etapas más oscuras del narcotráfico. Mientras él hablaba de su “arrepentimiento” frente a las cámaras de YouTube, las secuelas de sus actos continuaban presentes. Su fallecimiento en una cama de hospital, vulnerable y consumido por la enfermedad, ha sido interpretado por muchos sectores de la sociedad como el único juicio del que no pudo escapar con abogados ni amenazas.

Preguntas Frecuentes (FAQs)
1. ¿De qué murió exactamente alias Popeye? Murió a causa de un adenocarcinoma de esófago en fase terminal que hizo metástasis en sus pulmones e hígado. Falleció en el Instituto Nacional de Cancerología de Bogotá.
2. ¿Cuántos años estuvo Popeye en la cárcel? Cumplió una condena inicial de más de 23 años de prisión. Tras salir en libertad condicional en 2014, fue capturado nuevamente en 2018 por extorsión, permaneciendo recluido hasta el día de su muerte.
3. ¿Cuántas personas asesinó Jhon Jairo Velásquez? Él mismo confesó haber asesinado directamente a unas 300 personas, pero como jefe de sicarios del Cartel de Medellín, coordinó y participó en la logística de más de 3,000 homicidios.
4. ¿Qué pasó con su canal de YouTube tras su muerte? Su canal “Popeye_Arrepentido”, que contaba con más de un millón de suscriptores, quedó como un archivo digital de sus relatos y opiniones, aunque ha sido objeto de constantes críticas por la glorificación de su pasado criminal.
5. ¿Dónde fue enterrado el cuerpo de Popeye? Sus restos fueron trasladados a la ciudad de Medellín, donde se realizaron sus honras fúnebres en un ambiente de relativa discreción comparado con su vida pública.
